Veinticuatro metros cuadrados, en Roma.
Restauración de una parte de una antigua casa-taller de la Colonia Roma, en Ciudad de México, en estudio para una familia de tres. Veinticuatro metros cuadrados de planta, un altillo, una red horizontal como suelo de juego para el niño.
En la Colonia Roma, en Ciudad de México, una antigua casa-taller debía acoger a una familia de tres. Veinticuatro metros y medio de planta, tres metros sesenta de altura. La restricción se convirtió en el tema del proyecto.
El suelo de uno es el cielo del otro.
El programa se despliega en dos niveles. En planta, la habitación de los padres, el salón, la cocina, los baños. A dos metros cuarenta, un altillo para la habitación del niño — su umbral, su retiro. Entre ambos, una red horizontal extiende el altillo sobre la habitación de los padres: es el suelo de juego del niño, y también un techo que deja pasar la luz.
La superficie no hace la generosidad — la hace el dibujo.
La artesanía mexicana como gramática.
La identidad del estudio viene de los saberes locales. Las celosías — de madera o de cerámica tejida — separan los espacios sin cerrarlos: recortan la luz, crean la intimidad, dibujan las sombras sobre los muros y los suelos. El estudio se vuelve un instrumento de luz, que cambia de hora en hora.
Los materiales son los de la región: enlucidos de cal en tonos de hueso, madera oscura trabajada por los ebanistas de Ciudad de México, alfombras tejidas a mano, fibras vegetales. Ningún objeto decorativo gratuito — cada elemento tiene una función, y cada función tiene una materia.