Arquitecto interiorista en Roma Norte: departamento porfiriano
Remodelar un departamento porfiriano en Roma Norte: zona sísmica III, conservación patrimonial, muros de carga y alturas que cambian todo el proyecto.

¿Por qué remodelar un departamento en Roma Norte es distinto a hacerlo en un edificio nuevo?
Roma Norte se construyó edificio por edificio hace más de cien años, y eso se nota en cada intervención: muros de mampostería antigua en lugar de tabique moderno, techos altos, ornamentos originales que vale la pena conservar, y una estructura que casi nunca fue calculada con los criterios sísmicos actuales. Remodelar ahí no es solo un ejercicio de interiorismo, es también, casi siempre, un ejercicio de ingeniería sobre un edificio patrimonial en una de las zonas de suelo más exigentes de la ciudad. Cualquier proyecto serio en Roma Norte tiene que partir de esa doble realidad antes de pensar en acabados.
Un trazado porfiriano pensado como bulevar parisino

La colonia Roma nació en 1902, cuando una compañía adquirió el terreno conocido como Potrero de la Romita con la intención de crear un fraccionamiento con pavimentación, agua potable y parques, aprobado formalmente el 30 de noviembre de ese año. Fue el empresario inglés Edward Walter Orrin quien solicitó el permiso de lotificación al Ayuntamiento y bautizó muchas de sus calles con nombres de estados de la República que su circo había visitado, Colima, Querétaro, Puebla, Sonora, Jalapa. El trazado, autorizado en diciembre de 1902, corría de oriente a poniente en paralelo al acueducto que abastecía de agua a la ciudad desde Chapultepec, y se inspiró deliberadamente en los grandes bulevares parisinos: avenidas arboladas, glorietas, y una escala pensada para pasear, no solo para circular.
Sobre ese trazado se construyó una arquitectura ecléctica que mezcló el gótico de la iglesia de la Sagrada Familia con casas de inspiración árabe, italiana y francesa, muchas de ellas con cantera en cerramientos y ornamentos, la misma piedra que detallamos en nuestra guía de materiales mexicanos, y que hacia los años veinte y treinta incorporó el art déco. La Plaza Río de Janeiro, creada en 1903 sobre un terreno donado por los propios desarrolladores del fraccionamiento, se llamó primero Parque Roma y luego Parque Orizaba, hasta que en 1922 el entonces secretario de Educación Pública, José Vasconcelos, promovió renombrarla en honor al centenario de la independencia de Brasil. La fuente con la copia en bronce del David de Miguel Ángel que hoy la preside se instaló en 1976, dentro de un programa de remodelación urbana, no desde el origen de la plaza. A un costado, el llamado Edificio Río de Janeiro, conocido popularmente como la Casa de las Brujas por el tejado de su torre, fue construido en 1908 por el ingeniero R. A. Pigeon y recibió modificaciones art déco en los años treinta de la mano de Francisco J. Serrano, el mismo arquitecto que definiría buena parte de la imagen art déco de la Condesa.
Norma 4, INBAL y catalogación: qué puedes tocar de la fachada
Roma Norte forma parte de una de las Áreas de Conservación Patrimonial más extensas de la Ciudad de México, definida dentro del Programa Delegacional de Desarrollo Urbano de Cuauhtémoc bajo la llamada Norma 4, que establece perímetros con normas específicas de protección, conservación y mantenimiento del patrimonio construido. Los inmuebles catalogados con valor artístico por el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura requieren, además, la aprobación de ese instituto antes de intervenir fachadas o elementos originales.
En la práctica, esto significa que un proyecto de remodelación en un edificio porfiriano o art déco de Roma Norte necesita, desde la fase de anteproyecto, una verificación puntual de si el inmueble está catalogado y qué tipo de intervención autoriza la norma aplicable a ese predio específico. No es un trámite opcional ni una formalidad menor: es la diferencia entre un proyecto que avanza en tiempo y uno que se detiene a mitad de obra por falta de un permiso que debió gestionarse antes de empezar.
Cuando el inmueble está catalogado o cae en zona de monumentos, la autorización federal es previa a la licencia local, y pide planos completos, memoria descriptiva y secuencia fotográfica de la calle desde el primer expediente. El detalle está en el portal de trámites del INAH y en los trámites de conservación del INAH. La licencia local, ella, se tramita en la alcaldía: licencia de construcción especial, portal de trámites de la CDMX.
Sismicidad en Roma Norte: la zona III y la lección de 2017
Roma Norte se asienta sobre la Zona III de la zonificación sísmica de la Ciudad de México, la del antiguo lecho del lago de Texcoco, donde capas de arcilla altamente compresible amplifican las ondas sísmicas de forma muy superior a la de un terreno firme. El sismo del 19 de septiembre de 2017, de magnitud 7.1, causó varios colapsos documentados en la colonia y en la vecina Condesa. El caso más citado de Roma Norte es el del edificio de Álvaro Obregón 286, hoy convertido en memorial de las víctimas de ese día: una referencia obligada de lo que puede ocurrir cuando un inmueble antiguo no ha sido reforzado conforme a la normativa vigente.
Las revisiones técnicas posteriores identificaron patrones comunes en varios de esos colapsos: edificios en esquina, plantas bajas debilitadas por destinarse a estacionamiento, y variaciones en la calidad de los materiales entre un nivel y otro, con frecuencia producto de ampliaciones o modificaciones hechas sin criterio estructural a lo largo de los años. Esa es precisamente la razón por la que el Reglamento de Construcciones para la Ciudad de México exige un dictamen de seguridad estructural, elaborado por un Director Responsable de Obra o un corresponsable en seguridad estructural, antes de cualquier modificación que afecte la estructura de un inmueble porfiriano o art déco como los de Roma Norte. En una zona III, ese dictamen no es un trámite burocrático: es la base técnica de la que depende cualquier decisión posterior de diseño.
¿Tienes un departamento en un edificio porfiriano o art déco y quieres abrir la planta? Escríbenos con el plano y dos fotos del muro que te estorba: lo primero que hay que resolver es si ese muro carga estructura y qué dictamen exige moverlo. Con eso sabes, desde la primera conversación, si tu idea de planta abierta es viable o si hay que replantearla.
Lo que cambia entre un edificio de 1910 y uno de 1970
A diferencia de una casona con jardín como las de San Ángel, la unidad de proyecto en Roma Norte es casi siempre el departamento dentro de un edificio entre vecinos. La mayoría de los edificios residenciales de la colonia tienen entre dos y cuatro niveles, construidos en mampostería de las primeras décadas del siglo veinte, muchos sin elevador y con plantas relativamente pequeñas por piso. Convive con ellos un parque más reciente de edificios de concreto armado de mediados de siglo, con un comportamiento estructural distinto ante un sismo. Remodelar un departamento en un edificio porfiriano implica trabajar con muros de carga que no siempre pueden moverse con libertad, techos altos que abren posibilidades de diseño poco frecuentes en construcción moderna, y una estructura general que casi siempre requiere refuerzo antes de aceptar cualquier modificación de distribución.
Lo que retrasa una obra: asamblea de condóminos, catálogo y calle estrecha
Casi todos los edificios de Roma Norte operan bajo un régimen de condominio con su propio reglamento interno, lo que significa que cualquier obra que afecte áreas comunes, fachada o instalaciones compartidas necesita la autorización de la asamblea de condóminos antes de que un arquitecto pueda avanzar en el diseño. A eso se suma la revisión patrimonial ya mencionada cuando el inmueble está catalogado, y las restricciones propias de calles estrechas con estacionamiento limitado para el acceso de materiales y maquinaria. Un cronograma de obra realista en Roma Norte incorpora estos tiempos de gestión desde el primer día, no los descubre a mitad del proyecto.
¿Arquitecto o interiorista para tu departamento en Roma Norte?
La respuesta depende de qué tanto vaya a tocar el proyecto la estructura del edificio. Como explicamos en nuestro artículo sobre cuándo se necesita obligatoriamente un arquitecto en la Ciudad de México, mover muros, redistribuir baños o modificar la fachada de un inmueble patrimonial exige, sin excepción, la intervención de un arquitecto, y en Roma Norte casi siempre también un dictamen estructural previo dado el tipo de construcción y la zona sísmica. Un interiorista puede resolver bien un proyecto que se limita a acabados, cocina en su misma posición o mobiliario, sin tocar la distribución original.
El orden correcto de un proyecto en un edificio porfiriano
En Roma Norte el orden pesa más que el estilo. Primero se verifica si el inmueble está catalogado y qué tipo de intervención autoriza la norma aplicable al predio, porque de eso depende si la fachada y los elementos originales entran o no en el proyecto. Después viene el dictamen estructural, que dice qué muros sostienen el edificio, qué se puede abrir y con qué refuerzo. Solo entonces tiene sentido dibujar, porque la planta se organiza alrededor de lo que no se mueve.
Y lo que no se mueve en un edificio de 1910 suele ser justamente lo que le da valor: los muros de mampostería, la altura de los plafones, el mosaico geométrico original, la carpintería de los balcones. Ahí se distingue una remodelación bien hecha de una que borra el edificio. Lo conservado se restaura y se deja a la vista; lo nuevo, la carpintería, la herrería, la piedra de los cerramientos, se pone en contraste declarado, no en imitación de época.
El plano primero, la demolición después
Un despacho gana más con obra pesada que con una reorganización. Empezamos sin embargo por la segunda, y la razón es simple.
Entregamos en Levallois-Perret un estudio de dieciocho metros cuadrados donde toda la instalación cabe detrás de las puertas enrasadas de un solo mueble de roble: cocina, lavadora, acceso al baño, clósets. Y alojamos a una familia de tres en veinticuatro metros y medio en la Roma, con un tapanco y una red horizontal como piso de juego para el niño. En ambos la superficie estaba fija de antemano: fue el dibujo el que produjo el espacio.
Tirar un muro suele ser la respuesta más cara a un problema de circulación. Y en un edificio catalogado, un metro ganado por el plano se negocia mucho mejor ante el INAH que un metro ganado por la demolición.
No nos llames para acelerar un trámite del INAH. No se acelera: se prepara. Un expediente completo a la primera ahorra más meses que cualquier gestión posterior.
Preguntas frecuentes sobre remodelar en un edificio porfiriano
¿Por qué una remodelación en Roma Norte necesita permiso del INBAL? Porque buena parte de Roma Norte está catalogada dentro de una Área de Conservación Patrimonial del Programa Delegacional de Desarrollo Urbano de Cuauhtémoc, y los inmuebles con valor artístico reconocido por el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura requieren su aprobación antes de intervenir fachadas o elementos originales.
¿Es seguro remodelar un edificio porfiriano en Roma Norte después de 2017? Sí, siempre que se parta de un dictamen estructural serio. El sismo de 2017 mostró que el riesgo no estaba en la antigüedad del edificio por sí sola, sino en plantas bajas debilitadas, esquinas mal reforzadas y modificaciones hechas sin criterio estructural a lo largo de los años. Un dictamen previo identifica exactamente esos puntos antes de diseñar cualquier intervención.
¿Qué es un dictamen estructural y cuándo se necesita en Roma Norte? Es la evaluación de la seguridad estructural de un inmueble, elaborada por un Director Responsable de Obra o un corresponsable en seguridad estructural. El Reglamento de Construcciones para la Ciudad de México lo exige antes de cualquier modificación estructural, y en Roma Norte, dada la antigüedad de casi todo el parque construido y la exposición de la zona III, conviene tratarlo como punto de partida y no como formalidad final.
¿Arquitecto o interiorista para un departamento en Roma Norte? Depende de si el proyecto toca muros, distribución o fachada. Si es así, se necesita un arquitecto y, dada la antigüedad del edificio, probablemente un dictamen estructural previo. Si el proyecto se limita a acabados o mobiliario, un interiorista es suficiente.
¿Puedo integrar cocina, sala y comedor abriendo un muro? Depende de si ese muro es de carga. En un edificio de mampostería de principios del siglo veinte muchos de los muros interiores lo son, y abrirlos exige un refuerzo calculado, el dictamen del Director Responsable de Obra y, cuando la obra toca áreas comunes o instalaciones compartidas, el aval de la asamblea de condóminos. La solución técnica casi siempre existe, pero se define con el dictamen en la mano, no con el plano de intenciones.
Fuentes consultadas el 1 de septiembre de 2026: portal de trámites del INAH, portal de trámites de la CDMX.
Nota del taller. escríbenos.

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